domingo, 14 de diciembre de 2014

Lisboa aquieta las almas

Siempre que viajamos con los niños hay contrariedades y protestas “porque tenemos que ver esas casas viejas”, “estamos cansados”, “me duelen los pies” “que tiene esa puerta que mamá se queda tomándole fotos”, “me quiero ir al hotel”…

Sin embargo, el fin de semana pasado que estuvimos en Lisboa, no hubo una sola protesta (excepto que no pudimos subirnos al tranvía con Papá Noel y casi lloró con mi hijo menor de la desilusión) y eso que nos pegamos una paliza . Estaban de muy buen humor y hasta nos reímos de como nos dolían las uñas de los dedos gordos de los pies, y de las técnicas de frenado que cada uno usaba al bajar las empinadas cuestas de Alfama. 

Será la atmósfera tan humana de la ciudad, el fado  o el caldito verde que aquietan las almas, no lo sé, pero vinimos contentos y con ganas de volver.