martes, 30 de agosto de 2016

Sevilla no se puede explicar



Decía el chef Adriá Ferran en una entrevista que Sevilla no se puede explicar, es cierto hay que visitarla para entender el por qué España vende su turismo a través de Andalucía, el alma de los folletos turísticos. 

Sevilla es una ciudad con una fuerte identidad cultural, el calor del sur ha moldeado el carácter de sus gentes caracterizada por la amabilidad y la cercanía afectiva que hace sentir al turista como en casa.

El paso del Guadalquivir bordeado por una arquitectura monumental por las noches se convierte en escenario que parece el fotograma de una película romántica. Desde el barrio de Triana, cuna del flamenco hasta el de Santa Cruz, con sus casas de patios interiores diseñados para refrescar las tardes de "la caló", y adornados con flores coloridas (algunos son una miniselva), hacen que uno caiga en extasis visual, una belleza que puede más que cuarenta y dos grados. Los sevillanos acostumbrados a las maravillas de la ciudad no entienden a los turistas que llegamos en masa a visitar Sevilla en pleno verano; "estáis locos", me dijo un vigilante cuando me quejé del calor por puro vicio, (soy de una ciudad calurosa, así que soy valiente para el calor.), en nuestra estancia el termómetro marcaba unos muchísmos grados de más que atormentaron a mis norteños hijos. 

Hice sopotocientas fotos, rápido, al vuelo diría, porque la familia no quería esperarme con semejante calorón.

Pero allí resistimos armados de sombreros, abanicos, agua y helados dejándonos querer por la ciudad.