miércoles, 8 de marzo de 2017

Mi papá inventó el selfie

Me sé de memoria el álbum fotográfico de mi madre. Ella, una recién estrenada mamá guardó los recuerdos de cuando éramos pequeños en un delicado álbum familiar. Cada foto tenía una leyenda escrita con su bonita caligrafía de maestra de primaria. Debajo de mi foto de recién nacida, por ejemplo puede leerse: me llamo Elda, nací un dos de enero de mil novecientos (y tanto) en la policlínica Maracaibo a las doce y media de la noche. En otra está mi hermano mayor en el jardín mirándose una pierna, la leyenda dice: ¡Oh! me ha picado una hormiga,  su primera experiencia con un insecto está documentada en la historia de nuestra familia.

Yo crecí mirando ese álbum, de niña tenía una fascinación por él, mi pequeño cerebro captó esas fotos con sus respectivas descripciones. Creo que esto me ayudó a ser una persona con autoconocimiento personal, de los hitos en mi vida desde el primer diente hasta mis primeros pasos, así he podido escribir desde entonces mi línea del tiempo con pelos y señales.

El fotógrafo era mi padre de pura intuición y con una pequeña kodak coleccionó recuerdos. Preparaba los escenarios con dedicación: yo con mi oso de peluche preferido, gateando, junto a mi hermano disfrazado de superhéroe improvisado con un calzoncillo en la cabeza a manera de máscara rodeado por un montón de muñecos salvados del mal, con mi hermano menor haciendo travesuras, en el jardín con nuestras mascotas... O un autorretrato frente al espejo conmigo de bebé, cuando veo esa fotografía tengo que decirlo: ¡Mi papá inventó el selfie! 

Hace algún tiempo en una noche de desvelo haciendo zapping en la tv me topé con una hermosa película, no recuerdo el nombre, ni tampoco su director (estaba empezada). Podría decirse que también era un documental, el director encontró unos rollos de películas en la basura de un contenedor en una calle de Barcelona. Con ellos y con una excelente edición hizo un largometraje de una familia barcelonesa.
La familia había grabado en súper ocho los momentos felices de sus vidas, el nacimiento de sus hijos, la llegada de los reyes magos, la compra del primer coche familiar, las vacaciones… Me encantó ver esas imágenes de una familia anónima y como acontecía su día a día, los sucesos de la vida común de la mayoría de nosotros los mortales corrientes que una cámara vuelve poesía. Era interesante ver los cambios de décadas en España, la moda, las costumbres  y la evolución de la fotografía, desde el blanco y negro, el sepia y la llegada de las polaroids. 

El álbum de mi infancia me influenció en la manera de guardar recuerdos. Trato de archivar nuestra vida familiar en páginas para la posteridad. Selecciono minuciosamente las fotografías y transcribo anécdotas que he escrito en una libreta desde el nacimiento de mis hijos, y diseño libros fotográficos para contar nuestra historia. El último editado es “Súper brothers in action”, con fotografías aventureras de mis retoños. Lo he pensado y diseñado con cuidado después de haber hecho el curso Librologie. Tuve la oportunidad de ser probadora de producto de Saal Digital, una empresa alemana de impresión digital. Debo decir que me ha encantado el resultado final, un libro con una calidad profesional. Me quedo con ellos para las impresiones de productos fotográficos.


A todos en casa nos ha gustado mucho, mis hijos lo ven y se ríen de las ocurrencias escritas con las fotos. Lo tenemos en exhibición en la mesita del salón, ellos lo muestran con orgullo y yo me derrito de amor como mi mamá.